Rabietas, celos, enfados… ¿Y ahora qué?
Cuando hablamos de educar las emociones, la teoría está muy bien: que si “conecta antes de corregir”, que si “valida sus emociones”, que si “mantén la calma”.
Todo muy bonito… hasta que te estampan un muñeco en la frente y tú solo puedes pensar en salir corriendo o cosas muchos peores.
Pero oye, tus peques no son el problema.
Su cerebro está en obras. Aún no saben regular lo que sienten, ni cómo expresarlo. Son puro impulso y emoción.
Lo que necesitan es una guía, no un sargento.
Y tú, que probablemente creciste con castigos, gritos o silencios prolongados, estás intentando hacerlo diferente sin tener el mapa.
Eso lo cambiamos hoy.
¿Qué vas a conseguir aquí?
Esta categoría no es un manual aburrido de pedagogía.
Es una brújula realista para sobrevivir (y disfrutar) de la selva emocional infantil, con herramientas prácticas para:
- Gestionar rabietas sin gritar ni ceder al chantaje emocional.
- Afrontar los celos entre hermanos sin sentir que vives en “Gran Hermano”.
- Acompañar el miedo sin invalidarlo ni reforzarlo.
- Manejar tu propia frustración para no estallar antes que ellos.
- Fomentar la inteligencia emocional desde el ejemplo, no desde el sermón.
- Y lo más importante: construir una relación de confianza, no de control.
No hay niños “malcriados”, hay emociones mal acompañadas
Cuando un niño se tira al suelo del súper porque no le compras las galletas, no es manipulación.
Cuando tu hija se pone a llorar porque su hermana se ha metido con ella, no es teatro.
Es una emoción desbordada.
Una señal de “esto no sé cómo manejarlo”.
¿Y qué pasa si respondemos desde el grito, la amenaza o la indiferencia?
Que se sienten solos, inseguros… y repiten el comportamiento, pero con más intensidad.
La clave está en acompañar, no anular.
¿Y cómo se hace eso?
Con herramientas concretas, diseñadas para la realidad, para las situaciones de tu día a día.
Aquí vas a encontrar estrategias prácticas para cada situación, como:
- Qué hacer antes, durante y después de una rabieta (y qué no hacer jamás si quieres conservar la cordura).
- Cómo convertir los celos en oportunidad para conectar en lugar de competir.
- Cómo usar el juego, la risa y la validación emocional para prevenir el caos.
- Qué decir (y qué no) cuando tus peques se asustan, se frustran o están a punto de explotar.
- Cómo modelar autocontrol emocional… sin tener que fingir que todo te da igual.
- Cuándo poner límites firmes, cuándo ceder y cómo evitar que se te suban a la chepa.
Y si ahora estás pensando “sí, sí, muy bonito, pero a mí me saltan al cuello cuando les digo que no”, tranquilo.
Esto va justo de eso: de responder con firmeza y cariño, no con culpa ni miedo.
Emociones fuertes ≠ educación blanda
Aquí no venimos a criar niños “felices a toda costa” ni a “dejarles hacer lo que quieran”.
Venimos a entender que:
- Un límite claro no tiene que doler.
- Una emoción intensa no es una falta de respeto.
- Un padre que se desborda también necesita consuelo, no culpabilidad.
Lo importante no es evitar el conflicto.
Es saber manejarlo cuando llega, sin dejarte arrastrar al barro emocional.
Y a TI, ¿quién te CUIDA?
Porque sí, todo esto suena muy bonito hasta que llevas 3 noches sin dormir, tu hijo grita como si lo estuviera torturando solo porque no hay yogures en la nevera, y tú solo quieres que se acabe el día.
Por eso, además de ayudarte a gestionar el caos emocional de tus hijos, también cuidamos del tuyo.
Aquí vas a encontrar espacios para:
- Entender tus propias heridas (porque muchos berrinches adultos también tienen 5 años).
- Aprender a autorregularte cuando te sube el calor por dentro.
- Reflexionar sin culpa sobre cómo quieres educar, y por qué a veces haces justo lo contrario.
Porque no se trata de ser perfectos.
Se trata de ser suficientemente buenos. Con tus hijos, y contigo.
Si estás cansado de…
- Gritar y luego sentirte fatal.
- Que te digan “pues a mí me pegaban y salí bien”.
- Leer cosas que suenan muy bien pero que en tu casa NO FUNCIONAN.
- Tener que elegir entre ser firme o ser cariñoso.
…este curso es para ti.
Aquí vas a descubrir que educar con respeto no es ser débil.
Es ser valiente. Es estar dispuesto a romper cadenas, a aprender, a equivocarte y volver a intentarlo.
Y esa es la forma más poderosa de amar.
Una verdad incómoda
Tus hijos no necesitan padres perfectos.
Te necesitan presente, consciente y dispuesto.
Dispuesto a mirar más allá del grito, del “me está retando”, del “es que no me hace caso”.
Dispuesto a preguntar: ¿qué necesita? ¿qué me está enseñando esto a mí?
Y a responder desde la calma, no desde el cansancio.
Esto no va de controlar… va de comprender
Apúntate a esta categoría si quieres dejar de apagar fuegos cada día y empezar a criar con intención.
Con más empatía, más herramientas… y menos culpa.
Aquí no prometemos que no haya rabietas.
Prometemos que ya no estarás solo para enfrentarlas.
